Filosofía sin escrúpulos
PACHUCA, Hgo. 4 de mayo del 2026.- ¿Requerimos convocatorias para escuchar? La Ley de Planeación erige la planeación participativa como pilar de inclusión para propuestas e inquietudes ciudadanas. Sin embargo, estos procesos no deben limitarse a la elaboración de instrumentos de planeación o de políticas. La escucha activa debe ser una práctica recurrente en todas las instancias públicas, integrando métodos formales como convocatorias e informales como audiencias o acercamientos directos con actores y comunidades.
Pasar del diálogo a la acción implica traducir sugerencias en presupuestos reales, ajustes administrativos y programas que se adapten a los territorios. Como señalaba García Canclini, la gestión cultural teje cultura y desarrollo, volviendo la política cultural un instrumento de inclusión y no solo de representación.
Escuchar a las comunidades abre ventanas para reducir burocracia y acercar el gobierno a la población. Escuchar —y, sobre todo, actuar sobre ese diálogo— genera impacto con base comunitaria. La transición de modelos centralistas a una diversidad participativa pone el espíritu ciudadano en el corazón de la acción estatal, no como adorno, sino como eje estructural, permitiendo ampliar el acceso a bienes culturales y reducir las brechas de desigualdad.
Cuando la narrativa pública y las necesidades sociales entran en diálogo, surge una verdadera gobernanza cultural. Aunque se espera que quienes dirigen las instituciones conozcan las demandas de los sectores que atienden, estas son cambiantes, heterogéneas y arraigadas al territorio. Rediseñar trámites, servicios y programas,, debe ser una tarea permanente.
Debemos transitar hacia políticas públicas vivas y adaptables, diseñadas como un traje a la medida de las necesidades de distintas comunidades. Si bien es imposible satisfacer a todos, la acción gubernamental debe enfocarse en resolver problemas estructurales y priorizar a aquellas minorías históricamente marginadas. La congruencia entre recursos y demandas solo puede lograrse al escuchar las distintas voces, al descentralizar los diseños y al llevar el diálogo incluso a la crítica, entendida no como obstáculo, sino como ventana de oportunidad para transformar la política cultural.
Octavio Paz planteó que la libertad implica reconocer al otro. Solo así, desde la otredad podremos construir políticas de base comunitaria que realmente respondan a la vida, la diversidad y la dignidad.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.