PACHUCA, Hgo., 22 de mayo de 2020.- Los anuncios motivacionales no se hacen esperar en tiempos de crisis.

Las playeras verdes con la marca de agua del sol azteca se observan de nuevo en imágenes de medios masivos y redes sociales y nos invitan a la porra, al apoyo, al nacionalismo que en México parece no entenderse si no es con jerga futbolera.

Hay que ponerse la verde, un bigote y un sombrero de ala ancha en tonos tricolor, corear a toda voz un Son de la Negra, un México Lindo que convoquen al mexicano promedio al apoyo de su equipo en el nuevo mundial.

En esta edición, por desgracia, nadie marcha hacia el Ángel de la Independencia.

Las plazas públicas están vacías y los bares deportivos cerrados, la porra debe armarse desde casa, donde las madres trabajadoras, cual director técnico, indican las acciones en el campo de juego que se reduce a un domicilio con numero diverso de jugadores.

El padre, como árbitro, en algunos casos ausente u omiso, otras tantas con favoritos en los encuentros y en raros casos participativo y justo, le da al partido un toque especial.

Es la familia mexicana la que ahora forma parte, cual jugador, de una final que no podemos perder, pero a la que hemos llegado, como siempre, a los malditos penales, a esa parte en la que perdemos todo, todos, pese al buen juego del principio.

Nuestro equipo tiene igual superestrellas que malas contrataciones. Entre los primeros destaca el equipo blanco, el de las escafandras, el incansable que ha dejado todo en la cancha, pero que no puede solo y que se ha encontrado con la indiferencia de los malos elementos, los que pisan el empastado para jugar mal, para afectar al resto de los jugadores con un juego sucio que desacredita a la escuadra mexicana.

La historia parece repetirse, nos dieron advertencia, tarjeta amarilla y con las rojas hemos perdido ya miles de elementos, nos han llamado a gritos y a porras a jugar como se debe, a ir con las reglas del juego y a ponernos la verde de una hinchada que hoy muestra divisionismo.

Ya no sabemos si es el arbitraje, el cuerpo técnico o el cansancio lo que nos juega en contra, pero vamos perdiendo otra vez… como siempre… En los malditos penales, justo ahora cuando, más que nunca, lo importante es tener salud.