Que se vaya Taddei
El arte de saber leer
PACHUCA, Hgo., 7 de septiembre de 2026.- En las escuelas hablamos mucho de fomentar la lectura. Queremos que los niños tenganlibros, escuchen cuentos, visiten bibliotecas, participen en círculos de lectura ydescubran el placer de una buena historia.
Todo eso importa. Pero hay una diferencia que deberíamos tener muy clara: fomentar lalectura no es lo mismo que enseñar a leer.
Podemos acercar a un niño a cien libros y despertar su curiosidad. Podemos leerle todos los días y enriquecer su vocabulario, imaginación y comprensión oral. Podemos conseguir que ame las historias. Pero nada de eso garantiza, por sí mismo, que aprenda
a leer. Porque leer no se adquiere naturalmente como el habla. Hay que enseñarlo.
Un informe internacional respaldado por el Panel Asesor Global sobre Evidencia Educativa (GEEAP), convocado por el Banco Mundial, UNICEF y el gobierno británico, revisó 151 estudios del Sur Global y evidencia correspondiente a más de 167 idiomas. Su conclusión es contundente: los niños necesitan enseñanza explícita, sistemática e integral para aprender a leer. Y propone algo que cualquier maestro puede recordar: seis habilidades.
Lenguaje oral. Conciencia fonológica. Relación entre letras y sonidos. Fluidez. Comprensión. Escritura. No una. Seis. La investigación señala que deben enseñarse de manera explícita y siguiendo una secuencia. No se trata de esperar que el niño descubra por sí mismo cómo funciona la lectura simplemente por estar rodeado de textos.
Aquí está la diferencia fundamental. Una biblioteca puede provocar que un niño quiera abrir un libro. La enseñanza debe conseguir que pueda leerlo. Un maestro cuentacuentos puede hacer que imagine un bosque, un dragón o un viaje
extraordinario.
La enseñanza debe conseguir que, cuando esté solo frente a esas palabras, pueda decodificarlas, leerlas con fluidez y comprender su significado. Necesitamos las dos cosas. El error aparece cuando creemos que una sustituye a la otra. También conviene desterrar otra idea: enseñar de manera sistemática no significa regresar a una escuela mecánica donde solamente se repiten letras y sílabas.
El objetivo final es comprender. Pero comprensión y decodificación no son enemigas. El propio informe explica que ambas trabajan juntas: sin decodificación el niño no reconoce las palabras; sin comprensión del lenguaje puede pronunciarlas sin entender su significado. Lo vemos incluso en adultos. Hay personas que pueden pronunciar un párrafo completo, pero leen sin ritmo, pasan por encima de comas y puntos, no dan expresión a una pregunta y terminan sin comprender claramente lo leído.
Por eso pronunciar palabras tampoco basta. La fluidez supone leer con precisión, automaticidad y expresión adecuada. Entonces la discusión para las escuelas debería cambiar. Además de preguntar cuántos libros tenemos o cuántas actividades de promoción
realizamos, necesitamos preguntar: ¿qué puede leer realmente cada niño?
¿Al terminar primero reconoce y relaciona letras y sonidos? ¿Puede leer palabras nuevas? ¿En segundo avanza hacia la fluidez? ¿En tercero comprende lo que lee? ¿Qué hacemos cuando no ocurre? Porque detectar el problema en quinto o sexto es llegar demasiado tarde.
Y hay una cifra internacional difícil de olvidar: 500 mil estudiantes, 48 países, 96 idiomas. Después de tres años de escolarización, más del 90 por ciento no alcanzaba el nivel esperado para identificar nombres o sonidos de letras ni leer palabras sencillas.
Ese 90 por ciento no es una cifra de México. No debemos utilizarla como si lo fuera. Pero debería obligarnos a obtener nuestra propia respuesta: ¿cuántos niños de nuestra región llegan a tercero, sin leer al nivel que deberían?
Sigamos regalando libros. Sigamos contando cuentos. Abramos bibliotecas y hagamos de la lectura una experiencia placentera. Pero no confundamos objetivos. Difundir la lectura despierta el deseo de leer. Enseñar a leer construye la capacidad de
hacerlo. La escuela pública tiene que hacer ambas. Y de la segunda debe poder demostrar resultados. Porque si no sabemos cuántos niños llegan a tercero sin saber leer bien, tenemos un problema. Si lo sabemos y no actuamos, tenemos uno mucho mayor
Las de chile seco
Los cursos de lectura aplican para muchos de nosotros.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.