Más allá del escándalo
ART DÉCO: EL ÚLTIMO HISTORICISMO DEL MUNDO Y UN PATRIMONIO MEXICANO E HIDALGUENSE
PACHUCA, Hgo., 27 de octubre de 2026.- “¿Dónde están los hombres, padre, cuyas manos levantaron esta ciudad? ¿A qué mundo pertenecen?” -Freder Fredersen, Metrópolis (1927), dirigida por Fritz Lang. Historicismo se refiere a estilos del pasado que sirven de inspiración para la arquitectura. Esto se ha manifestado durante el siglo XIX y principios del XX, con corrientes como el neogótico, neorrománico, neoclásico, eclecticismo y, por último, el Art Nouveau y Art Déco.
Este último tomó lugar principalmente durante las décadas de 1920 y 1930, aunque no se catalogó formalmente hasta 1966, donde por fin tuvo su reconocimiento historiográfico en la exposición retrospectiva Les Années 25, siendo aquí en donde se le estableció como “Art Déco” con el fin de identificar este estilo en escultura, pintura, mobiliario, arquitectura, etc. Pero, ¿qué es el Art Déco? En resumidas cuentas, y considerando el contexto ya anteriormente dicho, se caracteriza por tener una estética clásica, simétrica y rectilínea. Se hizo dominante en Europa al finalizar la Primera Guerra Mundial, pero muy pronto se extendió hacia el continente americano. Fue influido por el geometrismo de las vanguardias históricas, así como el Art Nouveau y la escuela de la Bauhaus.
Sin embargo, también los descubrimientos arqueológicos egipcios, mesopotámicos, africanos, vikingos, hindúes y americanos fueron inspiración clave. Por esto mismo se le refiere como un historicismo. Sus principales características son el empleo de la línea recta, su combinación y uso del zigzag, uso frecuente de curvas, espirales y círculos, siempre subordinados al sentido geométrico y la simetría, gusto por las figuras geométricas del hexágono y el octágono, y ocasionalmente el cubo.
Arquitectónicamente hablando, el Art Déco empleó el acero inoxidable, bloques de vidrio, aluminio y concreto armado, materiales que son relacionados con los avances tecnológicos de la Segunda Revolución Industrial (1870-1914). Tuvo dos periodos: Zig-zag (1920-1929) y Streamline (1930-1939), aunque también estuvo presente durante la década de 1940. Si vemos en retrospectiva, el primer edificio al que podemos llamar Art Déco sería el Théâtre des Champs-Elysées, en París, construido entre 1911 y 1913 por los arquitectos Auguste y Gustave Perret, y también por el escultor Antoine Bourdelle, quien fue responsable de los relieves de la fachado.
Aunque en 1913 todavía no se utilizaba el término Art Déco, se reconoce a este edificio como uno de sus primeros exponentes, sobre todo por su geometría sobria, su estructura moderna y su ornamentación estilizada. El Art Déco arribó a México en la década de 1920, bajo un contexto de reconstrucción política, modernización urbana y búsqueda de una identidad artística nacional después de la Revolución mexicana (1910-1920s).
Aunque no exista un registro exacto de sus primeras edificaciones en el país, el edificio de la Alianza de Ferrocarrileros Mexicanos, el Teatro al aire libre Coronel Lindbergh, Edificio de la Secretaría de Salubridad, entre otros más, son considerados de los primeros ejemplos de este estilo en México, construidos entre 1925 y 1927. De igual manera, se pueden considerar como sus primeras manifestaciones que paulatinamente se han esparcido hacia parques y nuevas colonias urbanas; en la colonia Hipódromo Condesa se construyeron varios edificios y casas con este estilo hasta la década de 1940, como son el Edificio San Martín, Edificio Roxy y el Edificio Basurto, el cual es un icono arquitectónico del país.
Además de esto, lo que hace que el Art Déco se sienta mexicano es principalmente el nacionalismo que los arquitectos trataban de plasmar mediante referencias prehispánicas, con grecas, formas escalonadas y motivos inspirados en las culturas indígenas, que se fueron incorporando a estas composiciones modernas, también el uso de materiales innovadores como el concreto armado, el cual fue clave para que México fuera un referente de este estilo a nivel internacional. Un caso particular e importante es el Palacio de Bellas Artes, que, aunque su construcción empezó en 1904 con un estilo Art Nouveau en su fachada bajo el proyecto de Adamo Boari, fue terminado hasta la década de 1930 por Federico E. Mariscal, quien retomó el proyecto con un estilo Art Déco bastante marcado en su interior.
No solamente manifestó de manera centralizada en el país, también se extendió hasta los rumbos más marginados del estado de Hidalgo, al menos de aquellas épocas. Si bien, hay algunas edificaciones de este estilo en Pachuca, como el edificio La Palanca o el edificio Reforma (antiguo cine). En Mixquiahuala, una de las poblaciones más antiguas del estado, llegó a extenderse; el Palacio Municipal, es precisamente de este estilo, y se estima que fue construido durante la década de 1930, también la escuela Amado Nervo y una fuente que se encontraba en el parque, haciendo alusión a cactus endémicos. Incluso todavía existen otras edificaciones de este estilo en el centro de este poblado, aunque en un estado deteriorado que nos dice mucho sobre cómo el tiempo nunca perdona si no actuamos sobre él.
De manera lamentable, no se sabe exactamente quién lo diseño. Es impresionante saber que, sin que nadie lo haya señalado del todo, había existido una Metrópolis Art Déco dentro del Valle del Mezquital. Pequeña, pero muy caracterizada y moderna. Tristemente no se ha sabido conservar este patrimonio, e incluso ha erradicado; tal parece que todavía se necesita un nombre para saber el valor de aquello que, poco a poco, dejamos deteriorar, aunque tenerlo tampoco garantiza que se le preserve. Como seres humanos nos sentimos obligados a intervenir en lugares que no lo necesitan del todo, y lo justificamos como modernización cuando ya está presente en ese lugar.
Tratamos de sobreponer un patrimonio sobre otro, ya sean tangibles o intangibles; actualmente no hay una idea concreta de cómo sería nuestro futuro, y eso se ve reflejado en las vanguardias relativamente nuevas, pero se puede decir lo contrario sobre el Art Déco, pues sus ideas se relacionaban a un futuro que ya estaba presente con los avances tecnológicos, arte, arquitectura, música e incluso moda. Principalmente pasa que vemos a nuestro pasado como algo obsoleto, sin embargo, por milenios no avanzamos mucho como civilización, y al ponernos en los pies de nuestros antepasados lejanos veríamos a nuestro pasado de hace 100 años como un futuro lejano lleno de tecnologías y un tanto utópico, que tal vez no viviremos del todo. Nunca ha estado alejado de nuestra realidad.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.