Laboratorio Público
Xantolo: el arco que nos reúne con nuestros muertos
PACHUCA, Hgo., 2 de noviemnre de noviembre de 2026.- Hay recuerdos que no necesitan fotografías. Basta cerrar los ojos para escuchar el violí n de las cuadrillas y percibir el aroma del chocolate, los tamales, el copal y el cempasúchil. Así recuerdo el Xantolo en nuestra Huasteca hidalguense. Cómo olvidar aquel camino de pétalos de cempasúchil que comenzaba en la puerta de la casa y llegaba hasta el arco, marcando el sendero para que nuestros muertos encontraran el camino de regreso.
La casa olía a fiesta, a recuerdos, a familia. Y aunque no pudié ramos verlos, sentí amos que nuestros seres queridos estaban por llegar. Bastaba mirar el arco que preparaban nuestros mayores. Bajo aquella estructura de palmilla, cempasúchil y mano de leó n, la mesa reuní a mandarinas, manzanas, nueces y los alimentos preferidos de nuestros difuntos: pan, chocolate, tamales, agua, mole y, para algunos, cerveza o Coca-Cola. Cada elemento se colocaba con cariño.
El 31 de octubre esperá bamos a los niños fallecidos; después llegaban los adultos, con sus guisos de picante y bebidas preferidas. Era recordar sus gustos y decirles sin palabras: aquí seguimos acordándonos de ustedes. En esos días santos tomá bamos chocolate en casa, una costumbre que los mayores nos enseñaban casi sin explicarla. Las cuadrillas recorrí an los barrios y las ofrendas se compartían entre amigos y vecinos.
Canastas y platos abundantes iban de un hogar a otro. El Xantolo tení a mú sica, baile, alegría y recogimiento. Hoy el Xantolo continúa evolucionando y encontrando nuevas formas de expresin. Las Catrinas, los desfiles, los arcos monumentales y los escenarios llenos de mú sica y color enriquecen nuestras celebraciones y difunden la riqueza cultural de nuestra Huasteca. Es motivo de alegría ver có mo las nuevas generaciones participan con entusiasmo, aportan creatividad y expresan el orgullo por sus raíces.
Esta riqueza cultural tambié n nos brinda la oportunidad de compartir con los jó venes las costumbres que aprendimos de nuestros padres y abuelos: preparar el arco en casa, colocar las ofrendas, recordar los alimentos preferidos de nuestros difuntos y contar las historias de quienes nos antecedieron. El arco monumental que admiramos en la plaza y el que levantamos en nuestros hogares forman parte de una misma identidad. Los escenarios, las cuadrillas, las danzas y las reuniones familiares se complementan.
El Xantolo se vive de muchas maneras, unidas por nuestras raí ces. Las tradiciones nos enseñ an quiénes somos. Preparar los alimentos nos reú ne; compartir ofrendas nos enseña generosidad; levantar el arco nos invita a recordar. Las cuadrillas nos muestran que la memoria tambié n pertenece a la comunidad. Y la espera de nuestros difuntos nos recuerda que el amor permanece más allá de la muerte. Detrá s de cada vela hay una ausencia; detrás de cada platillo, un recuerdo; detrá s de cada flor, una historia. Honrar a nuestros muertos es hablar de ellos, recordar sus enseñanzas.
Qué valioso que escuelas, familias, comunidades y autoridades sigan promoviendo espacios donde convivan las voces de los abuelos, los sones tradicionales y las nuevas expresiones culturales. A veces pienso en aquella mesa de mi infancia, en las frutas colgadas del arco, en el aroma del chocolate y en la alegrí a de saber que la casa estaba lista para recibir a quienes tanto habí amos querido.
Eran nuestros padres, abuelos, hermanos y amigos; quienes habían compartido nuestra mesa y caminado por nuestras calles. Que sigan las danzas, la música, los desfiles y la alegría. Que nuestra Huasteca sea admirada por su cultura. Que en los hogares continúen floreciendo los arcos, encendiéndose las velas y compartié ndose las historias familiares. Porque el Xantolo une el pasado con el presente, a las familias con sus comunidades y a las nuevas generaciones con sus raíces.
Las de chile seco
El Xantolo no nació para que los vivos nos lucié ramos ante los vivos, sino para que, por unos dí as, volvié ramos a sentir cerca a nuestros muertos.