Ráfagas: Pachuca, otra vez sin agua
PACHUCA, Hgo., 16 de marzo de 2026.- Hay un lugar en la escuela donde el poder circula sin nombrarse, donde el liderazgo no se elige pero se reconoce, donde la justicia se negocia en tiempo real y donde la exclusión duele más que una mala calificación. Ese lugar no es el aula. Es el recreo.
Mientras hacemos investigación educativa y afinamos instrumentos para medir la participación, el clima escolar y habilidades socioemocionales dentro del salón, afuera, en la cancha, en la esquina de sombra, junto al balón que nunca alcanza para todos, ocurre una vida social intensísima que pocas veces, entra en nuestros marcos de análisis. Y sin embargo, ahí se ensaya, a diario, la política en miniatura. Porque claro, en el recreo nadie tiene un cargo, pero muchos tienen autoridad. No formal, sino efectiva. Se expresa en decisiones que parecen triviales: quién puede jugar, qué se juega, dónde, bajo qué reglas, entre otras acciones.
Este poder se sostiene en recursos muy concretos: controlar el balón, ocupar la cancha, arbitrar las reglas, tejer alianzas. En el recreo se negocia todo: reglas, roles, revancha, reparación, reputación. Se argumenta, se forman coaliciones, se cede para que el juego continúe. Se aprende que ser "justo" importa, y que ser "tramposo" tiene consecuencias públicas. En el aula, el liderazgo suele estar regulado por la institución. En el recreo, brota. Se vive aprobación, burla, exclusión, negociación, mediación por figuras centrales: el recreo es un sistema normativo tradicional en funcionamiento. Es el currículo oculto en su forma más viva. Aquí se aprende cómo se produce el orden social sin alguna instrucción.
Lo que William Corsaro planteó sobre la socialización como proceso colectivo y público se materializa con una nitidez sorprendente en el patio. Aquí la socialización no es teoría: es empatía, fraternidad, intercambiar la torta que con mucho cariño prepara su mamá o papá, es práctica diaria, visible, ruidosa y emocionalmente intensa.
Diversos estudios sobre juegos de recreo muestran que quienes logran integrarse y sostener estos espacios presentan mejores indicadores de ajuste social y escolar. No porque "jueguen más", sino porque dominan una competencia social complejísima: hacer que otros quieran seguir jugando contigo.
En este espacio, No lidera quien habla más fuerte, sino quien logra que el juego funcione: quien organiza turnos, resuelve disputas sin que el partido se rompa, atrae participantes, mantiene reglas.
Lo que la teoría del control de recursos de Patricia Hawley describe como estrategias para alcanzar dominancia en el patio se vuelve observable con una claridad que ningún cuestionario podría capturar. Hay líderes que convocan y negocian; otros imponen y excluyen; y algunos, los más eficaces, hacen ambas cosas según convenga.
En ausencia de adultos dirigiendo, emergen formas de autoridad que la escuela rara vez reconoce: arbitraje legítimo basado en reputación, liderazgo prosocial que integra, dominancia coercitiva que impone. Todas conviven. Todas moldean la experiencia escolar.
Desde el marco de Hawley, no son "niños portándose mal" o "niños portándose bien": son estrategias diferenciadas para controlar recursos y estatus. Y tienen efectos directos en la integración o exclusión del grupo.El recreo también es un territorio donde se reproducen y reconfiguran desigualdades.
Como señaló Philip Jackson al hablar del currículo oculto, la vida escolar transmite normas, expectativas y formas de relación que se aprenden en la práctica cotidiana. El recreo es uno de los escenarios donde ese aprendizaje adquiere mayor intensidad. Mirarlo con atención implica reconocer que, entre risas, discusiones y partidos improvisados, los estudiantes también están aprendiendo a convivir, a influir en otros y a participar en la vida social.
Ignorar el recreo no es neutral. Es renunciar a comprender uno de los escenarios más potentes de socialización, poder y aprendizaje político que ofrece la escuela.
Las de chile seco.
Al toque de la campana del recreo, listos para construir liderazgo a través del juego.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.