Ráfagas: Pachuca, otra vez sin agua
PACHUCA, Hgo., 8 de diciembre de 2025.- En un mundo rendido a pantallas, algoritmos y flujos constantes de información, resulta insuficiente concebir la lectura como una actividad exclusiva del libro impreso. Las prácticas culturales contemporáneas exigen una comprensión más amplia, dinámica y multimodal del acto de leer. Sin embargo, esta ampliación no implica la desaparición del valor profundo de la lectura tradicional. Investigadores como Maryanne Wolf (2007) se han pronunciado a favor en afirmar que la lectura profunda, sigue siendo fundamental para el desarrollo de capacidades cognitivas complejas, pues es allí donde surge “la posibilidad de la reflexión, el análisis crítico y la empatía”. Martha Nussbaum (2010) argumenta que abandonar la lectura extensa, supone renunciar a la formación de ciudadanos capaces de interpretar el mundo con sensibilidad y juicio propio.
Sin embargo, reducir el pensamiento crítico únicamente a la lectura impresa sería ignorar la transformación radical de la comunicación humana. La cultura digital ha generado nuevos escenarios donde los significados se construyen mediante textos, imágenes, sonidos, gestos y montajes. Autores como Gunther Kress (2010) sostienen que vivimos en un giro multimodal en el que leer ya no es solo descifrar palabras, sino comprender múltiples mensajes que coexisten en uno mismo. Del mismo modo, Henry Jenkins (2009) describe cómo el mundo de redes, videos, memes y narrativas en internet, demanda competencias interpretativas no vistas por las generaciones anteriores: habilidades para identificar ironías, referencias culturales, juegos visuales y subtextos sociales que no siempre están expresados verbalmente.
Estas nuevas prácticas no reemplazan la lectura profunda, pero sí muestran que la mente contemporánea opera en territorios más diversos. Como señala Néstor García Canclini (2015), los jóvenes leen “de manera fragmentada, simultánea e híbrida”, y ello no representa una degradación, sino un reacomodo cultural frente a los nuevos flujos informativos. Sin embargo, para que estas prácticas digitales generen pensamiento crítico real, requieren apoyarse en la estructura cognitiva que provee el lenguaje escrito: vocabulario, capacidad argumentativa, abstracción y coherencia discursiva. Sin estas bases, como advierte Wolf, la interpretación multimodal corre el riesgo de quedarse en lo superficial.
De ahí que el debate no pueda plantearse como una confrontación entre libros y pantallas. Se trata, más bien, de reconocer que la lectura profunda y la lectura multimodal se necesitan mutuamente. Como señala Cassany (2012), formar lectores hoy implica “enseñar a manejar la palabra, la imagen y el gesto”, entendiendo que todas estas dimensiones construyen análisis.
En este contexto, la escuela tiene un papel insustituible. Ya no basta con defender la lectura tradicional como práctica aislada, ni tampoco asumir que la alfabetización digital consiste únicamente en usar dispositivos. La tarea educativa debe convertirse en un puente entre ambas corrientes por un lado, fortalecer la lectura profunda para asegurar que los estudiantes desarrollen pensamiento crítico, vocabulario sólido y capacidad de análisis; por otro, incorporar el estudio de los discursos digitales, enseñar a interpretar memes, videos, narrativas transmedia y mensajes visuales con la misma rigurosidad con que se analiza un ensayo o una novela.
La escuela, por tanto, debe formar lectores multimodales, capaces de comprender textos complejos y, al mismo tiempo, descifrar cómo los algoritmos, las plataformas y los lenguajes digitales influyen en la construcción de significados.
En síntesis, la lectura sigue siendo indispensable, pero ya no es la única vía hacia el pensamiento crítico. La era digital exige ampliar el horizonte de lo que entendemos por leer y enseñar, y la responsabilidad de articular ambas dimensiones recae en una escuela capaz de mirar simultáneamente hacia la tradición y hacia el futuro.
Las de chile seco
Tres de cada 10 personas en Hidalgo, no han leído ningún libro en su vida.
Las opiniones y conclusiones expresadas en el artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición de Quadratín.